Este noviembre se cumple un año del terrible mes en que te "encarnizaste" conmigo; no quisiera recordar detalles, pero estos andan como granos de arena por todos los rincones de mi cerebro.
Después de once meses de lucha interminable entre mi "yo" y el tuyo, de elimanar vivencias y de reproducir exageradamentre otras tantas... de que te vas y regresas, de que te olvido y te amo, acabo derrotada en mi más puro uso de consciencia: ni te olvido ni te amo.
No te amo, porque ya puedo respirar sin ti, el frasco de pastillas está en la basura, el filo de la navaja está oxidado, tus fotos se las comieron las termitas...
No te olvido, porque aun despierto con la sensación de haber dormido en tu pecho, bueno, con la ausencia de ti, porque sigo esperando que la "mi realidad" no sea tal, porque la resistencia a "olvidarte" creo tiene relación con el "ideal" que eras para mi, y eso ya no existe, se derrumbó la montaña donde estabas para mi.
Pero bueno, es un año, y los días que seguiré sin olvidarte no se cuántos sean. Extraño lo que fue contigo... vete ya, pero contigo se iría esa que extraño tanto y hoy no soy más.
1 comentarios:
Quizás sea el hecho de que elevamos al amado a un altar demasiado alto. Les creamos un aura divina y creemos que son el centro de nuestro Universo.
Es, en el momento en el que te das cuenta de que todo eso era fruto de tus anhelos, cuando comienzas a olvidarlo.
Yo tardé más de un año en olvidar a mi primer amor; lo hice cuando me di cuenta de que era como cualquier otro chico de la calle, y no un dios del que yo dependía. Porque nadie depende de nadie, cada persona es libre de seguir su camino. Nada ni nadie es imprescindible.
Un beso.
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