A los "treinta y uno" el cambio de calendario ya no produce esa magia del borrón y cuenta nueva que se vive a los veinte. Nos volvemos pepenadores de sentimientos y vivencias, sin embargo me quedo con la tranquilidad que todo es un círculo y a los cuarenta y tantos nos vamos desprendiendo de todo el peso sobre los hombros, para que nuestros pasos sean ligeros.
Mientras tanto, vuelvo la concentración a mi presente. Ayer terminó un año más y hoy no me siento diferente, es como si el año pasado tuviera un cordón que me conecte a él y a todos los cadáveres del calendario. Ayer fue miércoles 2014, hoy sigue siendo la misma semana y sólo un día después ya tengo en mi escritorio una pila de 365 hojas en blanco, bueno, entre el brindis, las uvas, la resaca y la esperanza ya se quemó una hoja de tantas.
Claro está que tengo ilusiones varias, planes y metas incontables, que la llama de esa vela que alumbra el día a día está encendida con aquella luz calma y brillante. Pero es la relatividad del tiempo la que me ha conducido a este punto de finales y comienzos.
Cualquiera que sea la perspectiva, hoy comienza un tramo más de este camino incierto y placentero llamado vida. Felicidad y bendiciones para todos.