domingo, 5 de abril de 2015

Las cartas de Constanza


Algún abril de tantos:

La madrugada no hace callar mis pensamientos, aquellos que indiscutiblemente me llevan hacia ti. Recuerdo lo irónico de la situación, tú queriendo recuperar un amor y yo, deseando conquistar tu corazón.

Dicen en el pueblo que te quieres enamorar, que tienes ganas de amar. Yo estuve ahí, con todo el anhelo de brindarte mi amor, de hacerte feliz, pero tal parece que nunca me tomaste en serio, mi querer y mis intentos nunca fueron suficiente.

Y la ironía sigue reinando, yo también quiero amar, al igual que tú quiero esa posibilidad; así es el destino, así es el corazón, así son los pensamientos que de vez en cuando se cuelan sin razón.  Así es cuando el amor se ve pasar por la acera de enfrente, cuando cruzar la calle fue una decisión echada al viento, sin tino ni son, una decisión jamás tomada.

Entonces, me retiré de tu camino, con la esperanza de que en ambas aceras transite de nuevo el amor.

          Firma, Constanza


                              ...


   Cerró el libro y bebió un sorbo de vino, pensó en todas las posibilidades de amor que se esfuman con el viento, pensó en Constanza y su carta. La botella daba para otro capítulo, abrió el libro y deboró los versos de la segunda carta que Constanza escribió y jamás envió.