Llovía cuando abrí los ojos, las gotas no estaban al alcance de la mirada ni mi piel sentía la brisa, pero allá en la distancia se escuchaban los truenos entorpecer el silencio y el canto de un aguacero apacible.
Estaba abrumada, lo curioso es que no sabía el motivo; miré el lugar donde me encontraba, no lo reconocí. Entré en desesperación, ¿por qué esas ganas de salir, de soltarme de esas ataduras que no podía ver? traté de tranquilizarme, poner en marcha el motor de la mente, necesitaba saber cómo, cuándo llegué ahí.
Mientras me concentraba, aquella ventanita se abrió, recordé “cuando se cierran las puertas, una ventana se abre”, algo de alivio-que poco duró. Con el paso de las horas, con el ir de tantos días comprendí que mi nuevo hogar era ese, que la eternidad era mi nuevo destino, la sensación de la tierra sobre mí ¡jamás se quitó!.. pero sigo deseando saber qué es esto de estar muerta y seguir pensando.
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Hola, ¡Bienvenidos! este es el primero de interminables post, gracias por acercarte.
Veo que estás estrenando blog! Es un placer ser la primera en comentarte.
ResponderEliminarMe gustó tu texto.
Te dejo un beso enorme y te agradezco las palabras que dejaste en mi blog.
Hola, bienvenida al mundo de los Blogs. Por lo que he alcanzado a ver, yo seré lectora asidua del tuyo. Gracias por tu comentario a mi poema. Un abrazo.
ResponderEliminarMe gustaría saber si nos conocemos en persona. veo tus ojos celestes y creo recordare de alguna parte. Talvez eres ¿Ana Laura Valencia? ¿La amiga de Alexa? Sé que escribe. Pero no sé si eres tú. ¿Nos concemos? Si no, mucho gusto, Yo soy Regina Swain, y de nuevo gracias por leerme.
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