Quiero arrancar las páginas,
esas que están llenas de palabras tontas,
quiero cortarlas, extrangularlas,
que sangren, que sangren, que sangren.
¡Que mueran!
martes, 1 de septiembre de 2009
viernes, 14 de agosto de 2009
Cual años, los días sin creación.
Quiero arrancarme las palabras, si la imaginación revolotea en mis adentros, si se pelea con mis dedos por no moverse para plasmar lo que ellas cuentan; muchos dias que acumularon meses son los que me separan de un escrito, de una flor con pétalos de letras, de una luna escarchada en sueños, dorados por igual, de las remembranzas, de las ilusiones, de las palabras cual son, duras y objetivas, blandas y libres sin religión conocida, más por la mía enlazadas.
Es que profeso las palabras que se escabullen tras fantasmas, esos que la sociedad acelerada llama problemas, estrés y fanfarreas... todo sacude, todo desarma, todo hincha el alma y duelen esas, las palabras que no puedo plasmar desde pasados atardeceres, desde que el cable de conexión hace falso contacto y lo único que me contiene es la marea brava de la realidad adquirida, pagada con creces.
De nuevo, un grato saludo y la bienvenida a todos!
Es que profeso las palabras que se escabullen tras fantasmas, esos que la sociedad acelerada llama problemas, estrés y fanfarreas... todo sacude, todo desarma, todo hincha el alma y duelen esas, las palabras que no puedo plasmar desde pasados atardeceres, desde que el cable de conexión hace falso contacto y lo único que me contiene es la marea brava de la realidad adquirida, pagada con creces.
De nuevo, un grato saludo y la bienvenida a todos!
viernes, 12 de septiembre de 2008
Un instante de lo que ya no será
Deseo tomar un café negro en la plaza de mi pueblo, y que una charlatana me pida el jarro en el que bebo, que le ponga nombre al chancaste, que me engatuse con la historia que ese cúmulo de café molido es mi destino, es mi verdad. Dejarme correr como ese arroyo que en la infancia me hizo feliz, sentada en las bateas donde las mujeres del rancho iban a lavar, remojando mis pies, observando a alguna tortuga en la otra orilla, a mi madre cuidando que la leña no se apague para que la gallina recién aliñada se pueda cocinar. De repente, mi corazón se exaltaba, en realidad era un éxtasis, sí, a causa de esa manada de vacas con sus becerros bajando la colina, sedientas por el imponente sol de mayo, con ellas un capataz arreándolas, seguro que es un primo de mi padre, o quizá él mismo, me subía a un alto del campo, para protegerme del ganado y más por echar un vistazo a toda esa extensión de campo verde, con la esperanza que en medio de esa polvatana mi padre y su caballo se asomaran, qué dicha, él se acerca cada vez más, trae una sonrisa en los labios, esa sonrisa torcida que tanto amo, se que es porque al bajar del rancho vislumbró el humo a lo lejos, sabe que es mi madre haciendo fuego. Sin duda traerá una sandía de tamaño descomunal, misma que meterá en un improvisado hueco en la orilla del arroyo para que después de disfrutar con verdadero placer el caldo de gallina- en mi caso con arto limón, los frijoles refritos con queso, totopos, huevos hervidos y café de olla, cerrar el lonche campirano con las enormes rebanadas de la sandía refrescada por las aguas del arroyo. Que llegue el ocaso jamás quisiera, pues el día es verdaderamente mágico nadando entre las semillas que tiran los árboles, esas perfectas obras de arte, todo un corazón es su forma, claro, alguno que otro alebrestado pescado mordiendo los chamorros, son cosquillas para el alma. Padre y madre dentro del agua, haciendo remembranzas, pero, a punto de meterse el sol, mi madre sale del agua, toma su cuchillo y se encamina hacia las cercas buscando crucetas, homólogas del nopal. Bendita tierra veracruzana, bendito el amor de mis padres, bendito día de arroyo en Los Changos, ese rancho donde mi padre nació y creció, siendo mío sólo para los abriles de cada año.
Al meterse el sol, poníamos en la canasta de campo las pertenencias, más nuevas adquisiciones, las de mi madre eran las crucetas y alguna madera con forma de algo, según ella, y que sería en las próximas fechas un rústico arreglo de mesa, tan bello como los ojos verdes de la artista en cuestión, esa mujer que tanto amo. Por mi parte llegaba con trastecitos de barro, ya sabes, para jugar a la comidita y regresaba con pepescas en una botella que figuraba como pecera, con una tortuguita en la bolsa de mi bermuda, con los cachetes más rojos que el sol al guardarse. Tomábamos el totolero que nos regresaría al pueblo, llegaba a casa recordando que allá la sandía sabe a arroyo y la vida sabe a felicidad.
De fondo la canción del negro José al puro estilo andino me hace ver que el café ya se terminó y que no lo tomé en mi pueblo, tan sólo estoy sentada en los escalones de otra casa mientras a ojos cerrados el alma volaba a las páginas de mis ayeres.
Al meterse el sol, poníamos en la canasta de campo las pertenencias, más nuevas adquisiciones, las de mi madre eran las crucetas y alguna madera con forma de algo, según ella, y que sería en las próximas fechas un rústico arreglo de mesa, tan bello como los ojos verdes de la artista en cuestión, esa mujer que tanto amo. Por mi parte llegaba con trastecitos de barro, ya sabes, para jugar a la comidita y regresaba con pepescas en una botella que figuraba como pecera, con una tortuguita en la bolsa de mi bermuda, con los cachetes más rojos que el sol al guardarse. Tomábamos el totolero que nos regresaría al pueblo, llegaba a casa recordando que allá la sandía sabe a arroyo y la vida sabe a felicidad.
De fondo la canción del negro José al puro estilo andino me hace ver que el café ya se terminó y que no lo tomé en mi pueblo, tan sólo estoy sentada en los escalones de otra casa mientras a ojos cerrados el alma volaba a las páginas de mis ayeres.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Después del último latido
Llovía cuando abrí los ojos, las gotas no estaban al alcance de la mirada ni mi piel sentía la brisa, pero allá en la distancia se escuchaban los truenos entorpecer el silencio y el canto de un aguacero apacible.
Estaba abrumada, lo curioso es que no sabía el motivo; miré el lugar donde me encontraba, no lo reconocí. Entré en desesperación, ¿por qué esas ganas de salir, de soltarme de esas ataduras que no podía ver? traté de tranquilizarme, poner en marcha el motor de la mente, necesitaba saber cómo, cuándo llegué ahí.
Mientras me concentraba, aquella ventanita se abrió, recordé “cuando se cierran las puertas, una ventana se abre”, algo de alivio-que poco duró. Con el paso de las horas, con el ir de tantos días comprendí que mi nuevo hogar era ese, que la eternidad era mi nuevo destino, la sensación de la tierra sobre mí ¡jamás se quitó!.. pero sigo deseando saber qué es esto de estar muerta y seguir pensando.
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Hola, ¡Bienvenidos! este es el primero de interminables post, gracias por acercarte.
Estaba abrumada, lo curioso es que no sabía el motivo; miré el lugar donde me encontraba, no lo reconocí. Entré en desesperación, ¿por qué esas ganas de salir, de soltarme de esas ataduras que no podía ver? traté de tranquilizarme, poner en marcha el motor de la mente, necesitaba saber cómo, cuándo llegué ahí.
Mientras me concentraba, aquella ventanita se abrió, recordé “cuando se cierran las puertas, una ventana se abre”, algo de alivio-que poco duró. Con el paso de las horas, con el ir de tantos días comprendí que mi nuevo hogar era ese, que la eternidad era mi nuevo destino, la sensación de la tierra sobre mí ¡jamás se quitó!.. pero sigo deseando saber qué es esto de estar muerta y seguir pensando.
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