-Deja este corazón, sal de mí, tristeza... pena, lamento, ya no se tu nombre. Pareciera que la caja de pandora se abrió y su destino, yo.
-No me victimizo, joder, que de verdad estoy sufriendo; que de verdad quiero ahogarme en llanto y quemarme el alma con palabras ácidas.
Decía en alto aquella mujer marchita que observándole estoy desde hace rato.
-¡Soy la loca, soy la lastimera melodía ens sus consciencias, soy la errada, la jodida consecuencia, soy esa nada que todos miran de reojo, soy...!
Le miro, le reto a no soltarme la mirada. Pero ella cambia de rumbo su mirar airoso. El cabello sucio, el mirar oscuro, su andar esquivo. La sigo, se sienta en la fuente, moja sus pies y lava su rostro; busco con la mirada a algún policia, descubriendo con alivio que no lo hay. Ella se ha metido por completo, hace las brazadas como si en el mar se encontrara. Se incorpora, descansando la espalda en la estructura central de la fuente.
-Joder, que mi corazón sangra y las heridas nada más no sanan. ¡Hey, tú... que se me va la vida, que de verdad me duele el alma!
Yo no me muevo, no puedo hacerlo, esas palabras hacen eco en mis adentros. Ella vuelve a echarse a nadar, la gente pasa, nadie le presta atención, a parte de mi. Los cuartos de hora van, uno...dos. Me sobresalto cuando sale de golpe de la fuente, viene hacia mí y por instinto le hago un espacio a mi lado.
¡Soy la lastimera melodía de ...!
Ella no se sienta a mi lado, ella traspasa mi cuerpo sin terminar la frase. Ahora ya no entiendo nada...¿Quién era el fantasma, ella o yo? Joder, que la tristeza se retuerce en mis entrañas, duele, duele.
...
Mily Murillo










